En Honduras, niños, niñas y adolescentes no acompañados continúan migrando

20 July, 2015
Foto: UNFPA.
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Guillermo, de 16 años, salió de Honduras huyendo de la violencia. Las maras de su barrio insistían en que formara parte de una de ellas, pero él se negó. Inició entonces un viaje hacia “el norte” en el que no faltaron los abusos y las miserias. Es apenas un adolescente pero conoce bien los peligros del recorrido que hacen miles de niños, niñas y adolescentes en búsqueda de una vida mejor.

La Patrulla Fronteriza de los EEUU detuvo 68,500 niños, niñas y adolescentes migrantes no acompañados a lo largo de su frontera desde el 1 de octubre de 2013 hasta finales de septiembre de 2014. Los más afortunados consiguen llegar a la frontera sin ser atrapados, pero muchos otros son captados por las redes de tráfico de personas o mueren en el camino.

El viaje de Guillermo termina de nuevo en Honduras, en el centro para la recepción de migrantes El Edén en San Pedro Sula. Allí se encargan de darle ropa limpia, una cama, atención médica y alimentos mientras localizan a sus familiares. Después de una semana y media desde su llegada consiguen encontrarlos pero sus familiares más cercanos se niegan a recibirlo. Pero Guillermo no puede permanecer en el centro ya que este lugar es solo temporal.

Una delegación del Grupo de Protección en Honduras de Naciones Unidas (formada por OCHA, la Agencia de la ONU para los refugiados, la Organización Internacional para las Migraciones y el Programa Mundial de Alimentos, entre otros) visitó recientemente El Edén para conocer la situación de los niños y niñas migrantes retornados y conversó con Doña Martha Reyes, la Directora del centro.

En palabras de Doña Martha, “la reunificación familiar y la pobreza, así como la violencia, son algunas de las causas por las cuales los niños salen de Honduras”. A menudo, la migración es la única ruta para escapar de la inseguridad, opresión y el maltrato que viven los menores en sus lugares de origen pero durante el proceso, son víctimas de abusos sexuales, extorsión, trata y robo.

El ‘Triángulo Norte de América Central’ – compuesto por El Salvador, Guatemala y Honduras – cuenta con uno de los índices más altos de violencia del mundo. Las niñas y los niños son muy vulnerables en este contexto.

Doña Martha recuerda “el caso de Laura, una joven de 19 años que llegó embarazada al centro después de entregarse de forma voluntaria a migración porque ya no aguantaba la explotación a la que fue sujeta y las experiencias que vio durante el trayecto, especialmente violaciones y secuestros.”

“Es imprescindible atender el problema en las comunidades o lugares de origen de estos niños y niñas”, afirma Doña Martha, “atacar la causa para evitar que continúen migrando”. “Para ello, son necesarios recursos tanto del Gobierno como de la sociedad en su conjunto para ir a las comunidades y darle seguimiento a cada uno de ellos para evitar que emprendan este peligroso viaje,” concluye.

Las Naciones Unidas, junto con las autoridades de los países afectados, han adoptado medidas inmediatas para garantizar los derechos de estos niños, niñas y adolescentes y continúan trabajando en mejorar las condiciones en sus países de origen para que esta salida no sea forzada. De la misma manera, ONG internacionales y locales están implementando acciones para asegurar de forma inmediata el bienestar y la protección de estos niños, niñas y adolescentes.

En El Edén, por ejemplo, UNICEF apoya a la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia (DINAF) en la recepción de los niños retornados como Guillermo y en la capacitación del personal que labora en el centro. Visión Mundial, por su parte, colabora con la provisión de alimentos y la creación de espacios lúdicos para ellos. Un total de 19 instituciones – como la Cruz Roja Hondureña, USAID, Casa Alianza, Operación Bendición de Honduras y Orphan Helpers, entre otras – aportan a este trabajo conjunto y coordinado.

Guillermo trata ahora de pensar en el futuro y comenzar de cero… Hay decenas de miles de migrantes que no han tenido la misma suerte.